Marihuana contra la crisis

Marihuana contra la crisis

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Rafelbunyol, Valencia, España.-Club Social del Cànem.

2010, dos vecinos de Rafelbunyol aficionados al cannabis y en paro crearon una asociación para cultivar su marihuana y fumársela sin ningún problema. Han pasado 8 meses y este particular club de fumadores ya tiene 125 socios, la mitad de ellos enfermos que encuentran en la “maría” una forma de calmar el dolor.

VORO CONTRERAS Esta es la historia de un hombre y su misión, una misión que concibió la primera vez que se fumó un porro. Tenía 16 años y desde la primera calada supo que le iba gustar y que tenía que hacer algo para que nadie le impidiera fumar con libertad. Han pasado 35 años desde aquel primer porro y hoy Guillermo García Salvador ya ha cumplido con su misión. O, por lo menos, va por el buen camino. Ahí está el Club Social del Cànem (CSC) de Rafelbunyol para demostrarlo.

Curiosamente, ha sido la crisis económica la que ha ayudado a Guillermo a llevar a cabo su misión. “Hace 17 años, cuando mi hija sólo tenía un año, le pregunté al abogado Enrique Fornés (socio número 4 del club) si se podía hacer algo parecido a lo que hacen los holandeses, para que cuando la niña cumpliese 16 no tuviera que salir a comprar marihuana en el mercado negro. Es cuando empezamos a pensar en la idea del club de fumadores, pero por unas cosas u otras no lo pude hacer”.

Guillermo era albañil y hace tres años se quedó en el paro, y eso le dio tiempo para empezar a trabajar en la idea y enfrentarse a la temida burocracia. “Justo cuando mi hija cumplió los 16, en mayo de 2009, la Conselleria de Justicia inscribió la organización en el Registro de Asociaciones de la Comunitat Valenciana”. Lo que no tiene aún el CSC de Rafelbunyol es la autorización de la Agencia Española del Medicamento (AEM) para poder decir que cultiva cannabis “con fines medicinales”. Tampoco cuenta con las simpatías del gobierno municipal del PP, que les ha negado el uso de un local público para celebrar su asamblea anual. De todas formas, Guillermo asegura que tanto la Policía local como la Guardia Civil son conocedoras de sus actividades “y hasta ahora no hemos tenido ningún problema”.

“Al principio costó empezar -recuerda-. Sólo teníamos dos firmas de las tres que necesitábamos para constituir la asociación: la mía y la de mi mujer. Nadie se atrevía. Al final pude convencer a un compañero de la construcción que también se había quedado en paro y que le gusta fumar. Cuando lo gente vio que la cosa funcionaba y que no nos detenían, empezaron a apuntarse como socios”. Hoy, ocho meses después de su “legalización”, la Associació Médico-Cultural del Cànem Rafelbunyol ya tiene más de 125 miembros, la mitad de los cuales son consumidores de marihuana con fines terapéuticos y la otra mitad con fines “lúdicos”. “Tenemos desde jóvenes a un señor de 70 años. Y hay abogados, barrenderos, parados, enfermos… De todo menos policías”.

Consumo diario de nueve porros

Para los enfermos (entre ellos su esposa, que padece una fibromialgia), Guillermo no sólo defiende el uso del cannabis como paliativo del dolor, sino que asegura que tiene efectos curativos. A los fumadores “lúdicos” les ofrece marihuana a buen precio y un cuidado “minucioso y natural” del producto. El consumo medio diario de los socios es de entre 2 y 3 gramos (entre 6 y 9 porros). La asociación funciona como una especie de club de fumadores a la que sólo se puede acceder como miembro de cuota. A cambio, cada socio es propietario de dos o tres plantas que Guillermo y sus colaboradores cuidan por él. “Soy hijo de labradores y esto se me da bien. Si le echas cariño la marihuana es fácil de cultivar”.

El fundador del club explica que los socios pagan una cantidad simbólica al año y después 4 euros por cada gramo de “maría” que se lleven, “que es el mínimo que les costaría en el mercado negro”. Con ese dinero se costea el cuidado de las plantas y el sueldo de los cuidadores, entre ellos el del propio Guillermo. “Venderla directamente es ilegal -añade-, pero lo que hacemos como socios es autoabastecernos en nuestro propio huerto”.

Guillermo se muestra orgulloso del club y de su cultivo. Las plantas crecen lozanas en el invernadero de una vieja masía en plena huerta y sus socios fuman, unos contentos y otros aliviados. Asegura que desde Rafelbunyol se está construyendo “la realidad social de la segunda década del siglo XXI”.

21 colectivos sin ánimo de lucro para

el cultivo profesional

Un club social de cannabis es un concepto utilizado por la ONG Coalición Europea para una política de drogas justa y eficaz (Encod) como propuesta alternativa a la situación legal actual que regule la producción, posesión, distribución y consumo de este estupefaciente. El término también alude a los clubes entendidos como asociaciones sin ánimo de lucro que organizan el cultivo profesional y colectivo y la posterior distribución de cantidades limitadas de cannabis enfocadas a satisfacer la demanda personal de los miembros, siendo éstos mayores de edad. Actualmente, hay en España 21 clubes en la Federación de Asociaciones Cannábicas (FAC), dos de ellas de la Comunitat Valenciana. La de Rafelbunyol está en proceso de adhesión a la FAC.

Fuente Levante

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