Música. El gran retorno de Dr. Sativo

Música. El gran retorno de Dr. Sativo

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Guatemala.- Las calles europeas han sido el principal escenario para este cantautor quetzalteco y en ellas, refiere Wendy García Ortiz, ha vendido más de 30 mil copias de discos.

“Mi banda es la gente que se anima a acompañarme y que cree en la música que hago. Es la voz popular”.

“El Dr. Sativo es la voz de mucha gente que no se puede expresar”.

En una calle de Barcelona –tal vez en Plaza Cataluña o en el Barrio Gótico–, un muchacho toca su guitarra mientras brinca en un pie y anima desde el micrófono a un montón de españoles que le han formado un semicírculo. Se hace acompañar de otros músicos que emiten sonidos con una trompeta, un trombón, contrabajo y percusiones. Lo que producen suena a fiesta. El músico que le pide al público que aplauda al ritmo de la cumbia viste un pantalón de manta como los que usan los tz’utujiles en Sololá, una camiseta sin mangas que deja al descubierto sus tatuajes en el brazo derecho y una chalina de hilo que sale por debajo de su sombrero blanco y cae sobre su espalda. Canta: “Guatemala quema copal… no queremos más que nos maten…”, al tiempo que una anciana baila como puede, un niño le muestra los movimientos breakdance que ha aprendido de su padre y la gente aplaude, mueve las caderas, chifla, se sonríe.

Mientras tanto, una chica que también forma parte de la banda de músicos pasa por entre la gente con un sombrero en una mano y un manojo de discos en la otra.

El generador de todo esto es el cantante guatemalteco Juan Manuel Martínez Chávez, mejor conocido como Doctor Sativo. Tiene 29 años de edad y le ha dado la vuelta a Europa repitiendo la escena anterior una y otra vez. Ha estado en Alemania, India, Suiza, España, Holanda, Francia, Dinamarca… y en aquellos lugares en los que no se habla español, se oye al público cantar “Guatemala quema copal”.

“El Dr. Sativo es la voz de mucha gente que no se puede expresar”, dice con una mirada llena de ilusión cuando le pregunto cómo hace para generar ese fenómeno en el público. “Además, ha de ser porque yo estoy en esto desde chiquito. Es una bendición”, confiesa aún entre los efectos del jet lag, en esta, la primera entrevista que concede a un medio para promocionar una gira por varios departamentos del país (lea El gran retorno).

De padre cubano y madre guatemalteca, Martínez creció rodeado de música y fue alentado por sus progenitores para dedicarse a ello. Siendo su papá un talentoso percusionista, sintió la confianza de anunciar en casa, a los 12 años, que cambiaba la escuela por los escenarios quetzaltecos aunque éstos fueran las calles, los bares y el pequeño circuito cultural que se empezaba a formar en la década de 1990.

“La guerra había terminado y gran parte de lo que estaba pasando en aquella época era debido a las ganas de los jóvenes por expresarnos”, cuenta. “Quetzaltenango es bohemio, es tierra de poetas y el arte es parte de nuestro crecimiento. En la capital, en cambio, hay muchas distracciones y represión por la inseguridad que se vive, y siento que por eso se queda estancado el talento”.

Su canción más famosa, Guatemala, que surgió de su primer disco, se convirtió en una especie de himno para muchos jóvenes que vieron nacer al Dr. Sativo en este país. Ese fenómeno sorprendió incluso al mismo músico, éxito que él atribuye a la falta de identidad nacional de esa época. El mismo Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat) la utilizó en una de sus campañas televisivas y radiales. Guatemala habla de identificarnos con algo más que las tortillas, el frijol y la marimba. En la letra –y en las demás de su repertorio–, el Dr. Sativo hace una reflexión acerca de lo cotidiano y a la vez revela una necesidad que se tiene por reconectarnos con la conciencia.

Sativo es seguidor de la cultura rastafari, en la cual se rechazan las leyes estrictas y la fuerza policial o militar que protege la propiedad del “hombre rico”, marginando a los pobres. Por eso, explica de nuevo que sus canciones le dan voz a quienes no la tienen. “Desde chapines hasta inmigrantes en Europa”, expresa. Y por eso el reggae es el ritmo base de toda su música, a la cual le mezcla un poco de hip hop, cumbia y ritmos cubanos. A esta amalgama de géneros, le llama cumbia-reggae, salsa-reggae, hip-hop-reggae, merengue-reggae… “La filosofía rasta va más allá. Significa libertad, igualdad, anti-sistema”, explica.

Su nombre artístico, como muchos sospechan, se relaciona con la cannabis sativa, denominación científica para lamarihuana. Por esa razón en más de alguna entrevista han evitado mencionarlo o lo han citado como Dr. Santizo. Unos colegas músicos que conoció en Panajachel le sugirieron el nombre, según cuenta. A él le pareció gracioso y a estas alturas, la censura ya no le preocupa.

Todo independiente

Este músico guatemalteco –el sostén de tres hijos y una esposa– ha decidido trabajar sin mánager ni disquera fuera de las fronteras guatemaltecas. Sobrevive vendiendo sus discos en las calles de las ciudades europeas o de las ganancias que generan los conciertos que organiza en algunos lugares cerrados. “Con el auge de las redes sociales, ahora los artistas tienen la oportunidad de autogestionarse”, dice. Y Juan Manuel tiene razón. Cuando lo investigué antes de esta entrevista, lo encontré en YouTube, MySpace y Facebook. Los enlaces a su música y trayectoria comprueban que este estilo le funciona, algo que también se refleja en las más de 30 mil copias de su primer disco vendidas en Europa.

“Si de verdad estás enfocado en la música, te mueves”, dice muy convencido. “Mucha gente cree que ser músico es sólo divertirse, pero yo en realidad veo la música como mi profesión. Tengo hijos, entonces hay que trabajar un montón”. Es esa misma dedicación –confiesa con mucho pesar–, la que le ha impedido convivir desde hace un año con el menor de sus hijos, a quien vio nacer y por quien se vio obligado a viajar a Barcelona. Escogió esa ciudad porque desde hace cuatro años cuenta con un carné que le autoriza a cantar sin problema en sus calles con todo un equipo de sonido. Así, ha tenido a músicos como Manu Chao y Alicia Keys viendo sus conciertos.

En varios de los videos on line se observa cómo la gente disfruta de su música y su energía. No importa si son niños o ancianos, todos se mueven aunque no sepan llevar el ritmo. Y si no bailan ni cantan, al menos sonríen. Lo mismo sucede en los espacios cerrados, aunque claro, el Dr. Sativo prefiere la calle. “La calle es mi escenario”, cuenta.

Al explorar esa manera independiente y sacrificada de promocionarse, el Dr. Sativo ha enviado diversos demos a festivales musicales como el Bruis Festival Maastrich, en Holanda, y el International Strassen Musik, en Alemania; en los cuales ha ganado el tercer y segundo lugar.

Pero, una de las habilidades que lo caracteriza, más allá de su música, es el hecho de que trabaja con músicos locales. Si está en Barcelona, hay músicos específicos que lo acompañan. Si va a Alemania o Canadá, sabe ubicar a otros colegas. Y si viene a Guatemala, tiene colaboradores en Quetzaltenango y en la capital. No trabaja con los mismos. “Mi banda es la gente que se anima a acompañarme y que cree en la música que hago. Es la voz popular”.

Una gira departamental le aguarda al Dr. Sativo. Dejó Barcelona con la idea de vivir de nuevo en su país, junto a su familia, para explorar de lleno los escenarios de este lado del charco. Por eso, a esta nueva etapa de su trayectoria musical le ha denominado El gran retorno. La intuición le llevó a elegir lugares como Mazatenango y San Marcos. Está seguro de que surgirá algo en esas calles y yo no lo dudo. Desde que tuve contacto con este músico me di cuenta de que todas las piezas del rompecabezas de su vida van encajando con facilidad y que el carisma definitivamente lo acompaña, como la vez que en el aeropuerto de Houston –de camino a Guatemala y únicamente con euros como efectivo– obtuvo la ayuda de dos hispanos que en la fila de la caja le proporcionaron los dólares para pagar la pizza con la cual calmó su hambre.

Muchas situaciones se resuelven así para el Dr. Sativo. Probablemente está cosechando lo que ha sembrado con tanto sacrificio o tal vez sólo le sucede eso que se llama sobrevivencia.

Fuente SigloXXI

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