Cada vez en más habitual los cultivadores que desafían el clima invernal

Cada vez en más habitual los cultivadores que desafiando al clima invernal, emprenden la aventura de un cultivo de cannabis fuera de temporada.

Macfoto

Cada vez en más habitual los cultivadores que desafiando al clima invernal, emprenden la aventura de un cultivo de cannabis fuera de temporada. La verdad que en ocasiones no es algo complicado de llevar a buen puerto, pero sin duda las satisfacciones son enormes. Pero como siempre, todo será viable si los caprichos atmosféricos respetan al cultivador, y sobretodo a las plantas.

El cannabis es una especie que tolera muy bien el frío… en sus zonas aéreas. La zona radicular en cambio, puede ver detenida su actividad si la temperatura del sustrato baja de los 14-15º. La asimilación de nutrientes se bloquea, la planta dejaría de crecer y terminaría muriendo. Pero en cambio manteniendo las raíces aisladas del frío, las plantas aguantan perfectamente hasta nevadas.

Pero para que un cultivo fuera de temporada sea un éxito, no sólo el frío es determinante. En zonas donde las lluvias son constantes y la ausencia de sol algo habitual durante los meses de otoño y diciembre, prácticamente será inviable un cultivo en exterior. Pero con días soleados y aunque éstos no sean muy largos, siempre será posible aunque algunos días llueva.

Para mantener una temperatura que no suponga un problema para las raíces, existen varias opciones. Desde macetas de porexpán o de plástico y forradas con algún tipo de material aislante, hasta un acolchado de paja sobre el sustrato o un plástico negro. Aunque más laborioso, también una opción es todos los días o al menos los días de noches más frías, resguardas las plantas. Un invernadero sería lo mejor para además lidiar con los días lluviosos.

¿SEMILLAS O ESQUEJES?

En principio sería indiferente, siempre y cuando la fase de crecimiento se realice en un interior. Una, porque el fotoperíodo exterior es escaso para que una semilla crezca mucho teniendo en cuenta que aproximadamente a las 4 semanas entrará en floración forzada por las bajas horas de luz. Y otra porque un esqueje florecerá independientemente de su tamaño debido a la bajada de horas de luz a la que se verá sometido.

Lo ideal, sería contar con un interior donde dejaremos que las plantas crezcan lo máximo posible. Muchos cultivadores aprovechan la renovación de sus madres, para darles el final que se merecen. Además cuentan con la ventaja de son que serán plantas con meses de vida, un sistema radicular bien asentado, y unos tallos robustos que ayudarán a soportar mejor las inclemencias.

LOS EFECTOS DEL FRÍO

Algo muy típico de los cultivos invernales, es el precioso color que adquieren algunas variedades. Incluso la misma variedad, puede tener un color en verano, y otro totalmente diferente en invierno o con temperaturas suaves. Principalmente se debe a la asimilación de potasio, que hace que tanto hojas como cogollos puedan variar su color desde el lavanda al púrpura e incluso negro.

Y el frío también afecta al sabor de los cogollos. Terpenos que se volatilizan en verano a causa del calor, no lo hacen en invierno a causa del frío. Aunque los cogollos lógicamente no tendrán el mismo volumen ya que no dispondrán de las mismas condiciones que los meses más soleados y cálidos, su sabor puede tener unos matices únicos. Sin duda merece la pena cultivar en invierno cuando el clima lo permite.

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