Dana Beal, creador de la Marcha Mundial, a solas con La Marihuana

Fue en 1973 cuando se convocó por primera vez a una movilización por el cannabis en la ciudad de Nueva York, el corazón del mundo occidental

Fue en 1973 cuando se convocó por primera vez a una movilización por el cannabis en la ciudad de Nueva York, el corazón del mundo occidental. La acción social consistió en una gran fumata en pleno Central Park, una que sea tan pero tan grande que sea imposible de impedir. 

Pero quien mejor lo recuerda es el activista estadounidense Dana Beal quien conversó con La Marihuana en su visita a Montevideo, Uruguay, donde siguió comentando los beneficios de la ibogaína, una sustancia psicoactiva que proviene de una raíz africana y según dice, puede mitigar los efectos del Parkinson y recuperar a las personas de las adicciones.

“La marcha mundial de la marihuana es el contrapeso al cannabismo corporativo”, dice su creador, “porque las personas son lo último que se debe legalizar, no se puede legalizar la marihuana y decir que sólo las personas que no sufrieron por su prohibición o que fueron a la cárcel pueden conseguirlo. Y la póliza de seguro para que eso ocurra es la gente en la calle, la gente en la calle es la fuerza que lo cambia todo”.

Dana nació en el mismo hospital de Ravenna, Ohio, adonde fueron enviadas las víctimas agonizantes del tiroteo de Kent State, donde cuatro estudiantes fueron asesinados y otros nueve heridos (uno de ellos sufrió parálisis permanente) a manos de la Guardia Nacional, que disparó contra los estudiantes que protestaban por la invasión estadounidense a Camboya, en el marco de la guerra de Vietnam.

Luego llegó a estrechar su mano con la de John Fitzgerald Kennedy, cuando éste estaba en plena campaña proselitista, en 1960, recorriendo East Lansing y tres años más tarde llegó haciendo autostop al Lincoln Memorial de Washington para escuchar el inolvidable “I have a dream” de Martin Luther King. Tenía sólo 16 años. Dos meses después, él mismo congregaría a 2.000 personas en Lansing en una manifestación en repudio al Ku Klux Klan, días después de que mataran a cuatro niñas negras en una iglesia. 

Su vida estaría ligada a los hechos históricos, las protestas y los reclamos de justicia. Como si bajo ese disfraz de viejito adolorido, con gafas de científico y bigote de mago, se escondiera un verdadero superhéroe.

El espíritu activista de Dana encontró en la Gran Manzana un escenario ideal. Inspirado en los provos holandeses, un grupo de estudiantes que intentaban provocar al sistema mediante la combinación de humor absurdo y agresividad “no-violenta” de inspiración gandhista, creó los provos de Nueva York, y comenzó a convocar a fumatas en Tompkins Square Park que con el paso del tiempo se fueron haciendo cada vez más grandes. 

Pero en una de esas fumatas, unos policías de incógnito le encontraron ácidos en su bolsillo y así comenzó su historial con la Justicia. Un historial de lucha por los derechos de la privacidad.

En 1967, unas 3.000 personas marcharon desde un concierto hasta el corral federal para pedir su liberación. Ahí comenzó la fama de quien, luego crearía la Marcha Mundial de la Marihuana (o Global Marijuana March, según su nombre exacto) que hoy se realiza en todo el mundo durante el primer sábado de mayo.

Respeto por las libertades individuales

Una marcha que, en definitiva, exige respeto por las libertades individuales. En ese contexto, y consultado sobre la enorme cantidad de personas que consumen alcohol en forma problemática durante las marchas que él creó, un tema que divide las aguas de la militancia en el Cono Sur, Dana responde que no es lo que se dice “un prohibicionista”. Ni falta hacía aclararlo. 

“No creo que puedas promover la causa prohibiendo nada. Pero al mismo tiempo tienes que tomar medidas. Tuve problemas por el alcohol. Tengo hernias dobles y estaba disolviendo mi cuerpo con el alcohol, y me gustaba cuando lo hacía. Decidí que quiero vivir, porque aún no he terminado con esta vida. Y así tuve que cortar con el alcohol”, recuerda.

La figura de su fallecido amigo George aparecerá durante toda la charla. Según Dana, él fue el verdadero autor del libro firmado por Jack Herer “El emperador está desnudo”. “George pasó los últimos años de su vida paralizado en la cama, con la mitad de su cuerpo inmóvil, los accidentes cerebro vasculares corren en mi familia. No quiero llegar a eso; si me voy a ir, quiero salir limpiamente”, se propone Dana.

En cortas palabras, nadie puede impedirte tomar alcohol durante la marcha. Sólo tu propia conciencia.

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