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Hidroponía

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La hidroponía es un método muy común para el cultivo de cannabis. Es una palabra que procede del griego “hydro” (agua) y “ponos” (trabajo). Es un sistema que el hombre ha adaptado como propio, pero nada más lejos de la realidad. En plena naturaleza nos podemos encontrar con muchos ejemplos de plantas que sobreviven gracias a los nutrientes transportados o contenidos en el agua.

El origen y lugar exacto del primer cultivo hidropónico es muy complicado situarlo. Supuestamente, los Jardines Colgantes de Babilonia, una de las 7 maravillas del mundo antiguo, construidos en el siglo VI a. C. durante el reinado de Nabucodonosor II, estaban irrigados desde la parte más alta, aunque no existen evidencias de que se tratase técnicas hidropónicas.

Por su parte, los aztecas empleaban jardines por cubrimiento llamados chinampas. Este antiguo método de cultivo, con su máximo desarrollo en el siglo XV y XVI, consistía en crear grandes balsas de maderas y varas en lagos y lagunas del valle de México, que cubrían con tierra. Así fueron capaces de crear una ciudad flotante y ganar terreno al lago. En estas balsas cultivaban flores y verduras.

En la antigua Roma, también existen evidencias de cultivos empleando técnicas hidropónicas. Durante el mandato del emperador Tiberio, entre en siglo I a.C y el I d.C, se introdujo el cultivo de pepino en hidroponía ya que era una de sus verduras preferidas y que comía diariamente.

Aunque el estudio de la hidroponía cuenta con 2400 años de antigüedad, la primera información escrita sobre él es del 1600. Se recoge en varios documentos la experiencia del estudioso belga Jan van Helmont, acerca de que las plantas obtienen sustancias nutritivas a partir del agua. Pero no sería hasta 1627 cuando se publicó el primer trabajo sobre el crecimiento de plantas sin suelo, obra de Francis Bacon.

Con la hidroponía gozando de cierta popularidad, en el año 1699, el naturalista inglés John Woodward observó que el crecimiento de plantas en este sistema se debe a ciertas sustancias obtenidas del agua. También observó que en agua de lluvia (destilada) las plantas crecían peor que en otro tipo de aguas. Sus experimentos los llevó a cabo cultivando menta verde para publicarlos posteriormente.

En 1804, el naturalista suizo y estudioso de la fisiología vegetal Nicolas-Théodore de Saussure fue más allá, exponiendo que las plantas se componen por elementos químicos que obtiene no sólo del agua, sino también del suelo y del aire.  También estudió el proceso de la fermentación bioquímica o la conversión de los almidones en azúcares, además de muchos otros procesos vegetales.  Bajo el título “Investigaciones químicas sobre el vegetacionismo” se pueden leer gran parte de sus trabajos.

A lo largo de la década de los 60 del siglo XIX, los botánicos alemanes Julius von Sachs y Wilhelm Knop perfeccionaron el crecimiento de plantas terrestres sin suelo en soluciones minerales. Rápidamente se convirtió en una técnica estándar para la investigación y la enseñanza. Hoy en día sigue siendo muy empleada.

En 1928, el profesor William Frederick Gericke de la Universidad de California, sugirió el cultivo en hidropónico para la producción vegetal agrícola. Demostró que tomates y otras plantas cultivadas por él y sin suelo, tenían un tamaño mayor que las cultivadas en tierra. Ésto le llevó a escribir el artículo el 1929 “Acuacultura: un medio para producir cosechas”.

Estos informes del profesor Gericke causaron gran sensación y la gente comenzó a pedir información adicional sobre esta novedosa técnica. Gericke se negó a desvelar sus secretos, lo que provocó su abandono de la universidad. En 1940, escribió el libro, Guía Completa del Cultivo sin Suelo”.

Segunda guerra mundial

Durante la Segunda Guerra Mundial y en las campañas del Pacífico, tropas de Estados Unidos pusieron en práctica cultivos hidropónicos a gran escala en islas donde el suelo no era apto. Así lograron suministrar verduras frescas a tropas en un momento, ahorrándose un gran presupuesto en el transporte de alimentos desde su país.

En los años 60, el británico Alen Cooper desarrollo la Nutrient Film Technique. El Pabellón de la Tierra, en el Centro Epcot de Disney en actividad desde 1982, puso de relieve diversas técnicas de cultivos hidropónicos. Incluso la NASA ha realizado investigaciones extensivas para su Sistema de Soporte de Vida Ecológica Controlada o CELSS.

En la década de los 80, fueron varias las compañías que comenzaron a comercializar sistemas hidropónicos. Estos sistemas han ido evolucionando y hoy en día nos podemos encontrar equipos hidropónicos para una sola planta a precios muy económicos. Son muchos los cultivadores que presumen de los mayores rendimientos hasta ahora conseguidos usando estos sistemas.

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hidroponía

Vivimos en una era en la que disponibilidad de agua va a jugar un papel determinante en el desarrollo de las sociedades. La gestión racional de su uso va a primar por encima de todo, y aquellas propuestas que resulten ahorradoras del vital fluido serán vistas con buenos ojos por todos.

Los partidarios y defensores del cultivo de hidroponía esgrimen cada día con mayor énfasis sus argumentos para defender y mostrar a este sistema de cultivo como la tecnología a seguir como modelo de ahorro en agua. Ahora, la alternativa de gestión racional que permita un desarrollo sostenible no va a ser tal cual se concibe a día de hoy al cultivo hidropónico.

La hidroponía es un sistema de cultivo en el cual se prescinde de suelo con vida para cultivar en un medio de soporte inerte, como son la lana de roca, la vermiculita, la perlita, la arlita o la propia fibra de coco, que aunque sea orgánica no contiene vida microbiana. El aporte de nutrientes se realiza mediante una solución acuosa por medio de un sistema de riego localizado. El excedente de la fertirrigación que se pierde por lixiviación es recogido, filtrado y reutilizado de nuevo, de tal forma que se permite una reutilización del agua drenada. La solución nutritiva está hecha a base de abonos de síntesis química que en algunos casos se acompaña con otro tipo de abonos líquidos orgánicos, como el propio humus líquido. Es cierto que la hidroponía ha permitido el cultivo de hortalizas y plantas donde por condiciones climáticas y edafológicas hubiera sido imposible realizarlo. Un claro ejemplo lo encontramos en la nueva huerta de Europa en la que se ha convertido la semidesértica provincia de Almería.

Partiendo que soy detractor del “cultivo sin suelo vivo”, que es en realidad lo que significa la hidroponía, sea con abonos orgánicos o químicos, entiendo que por circunstancias diversas personas no pueden cultivar cien por cien orgánico sus cultivos. Queda claro que muchos abonos orgánicos presentan olores pestilentes consecuencia de estar sometido a continuos procesos de descomposición por su propia naturaleza orgánica. Esto llevado a un cultivo indoor en un quinto piso en el corazón de una gran ciudad pues no resulta lo más práctico, aseado y discreto, sino que supone un gran obstáculo que sortear y que lleva a declinar por usar otras técnicas. También los materiales y abonos orgánicos son menos concentrados que los químicos, aumentando el volumen a transportar de abonos y materiales. Además durante los trasplantes la tierra enguarra en exceso mientras que los materiales utilizados como medio de soporte en hidroponía son más limpios y fáciles de manejar y transportar. Analizado de este modo, es normal que los más cómodos y prácticos prescindan del cultivo orgánico y se decidan por el cultivo hidropónico.

Queda claro, que una técnica basada en el uso de fertilizantes de síntesis química no supone un desarrollo sostenible y mucho menos limpio, sano y ecológico. Ya hemos comentando en otras líneas publicadas con anterioridad el peligro que supone la fabricación de abonos químicos para la sociedad y el medioambiente. Los cultivos hidropónicos conllevan a un aumento del elemento agua en la composición de las plantas cultivas así. Los análisis realizados por la Doctora Dolores Raigón a los alimentos cultivados con diversas técnicas han demostrado que el cultivo ecológico da lugar a productos con un mayor contenido en materia seca, es decir, menor retención de agua. Ello se traduce en un mayor porcentaje de todo aquello que forma la materia seca de un producto en concreto, como por ejemplo, más proteínas, más ácidos grasos esenciales, más aminoácidos, más vitaminas, …. Así que en verdad supone un ahorro de agua, pero lo más significativo es que supone una mayor reducción de la calidad de los productos al tener menor valor alimentario y energético. Con ello nos encontramos que para fabricar la misma cantidad de materia seca al final del camino hemos consumido la misma agua que si hubiéramos cultivado en tierra con abonos orgánicos.

Como vemos la hidroponía tal cual se plantea hoy no es tampoco la panacea al excesivo consumo de agua que se produce en agricultura. Cabría intentar cambiar el concepto del modo de suministrar los nutrientes a la solución, o mejor dicho, intentar que el origen de los nutrientes sea de procedencia orgánica. Pero ¿és posible un cultivo hidropónico biológico?, ¿es posible la bio-hidroponía? Antes de afirmar o negar nada deberíamos hacer un pequeño viaje por la historia de la agricultura y ver los orígenes de la hidroponía, sólo así podremos hallar respuestas que nos conduzcan a comprender un nuevo concepto de “cultivo bio-hidropónico”.

¿Orígenes de la hidroponía?

El término “hidroponía” proviene del griego “hydro” que significa agua, y “ponos”, que significa trabajo (Trabajo en el agua), término que fue bautizado en el año 1920 por el Doctor William Gericke. Es difícil fijar exactamente el origen de la hidroponía, algunos autores apuntan que fue en Egipto, donde escrituras jeroglíficas dan testimonio de su existencia. Hay otros autores que indican que uno de los primeros cultivos hidropónicos fueron los míticos Jardines de Babilonia. Los aztecas también conocían este tipo de cultivo que realizaban en las “chinampas” o granjas en balsas, igual que en el actual territorio de Pakistán donde se hallaban los jardines de los lagos de Kashmir.

Pero no fue hasta mediados del siglo XVII, cuando el científico Robert Boyle realizó los primeros experimentos del crecimiento de plantas en agua. Nació un nuevo interés del mundo científico por este tipo de cultivos y en el año 1699 el Inglés John Woodward realizó otros estudios muy similares con agua destilada en la que diluyó una mezcla de ciertas sustancias.

El Dr. William Gericke padrino del término hidroponía y considerado el padre de la hidroponía moderna, publicó en el año 1929 un artículo titulado “Acuacultura, un medio de producción de cosechas”, pero el entusiasmo inicial fue relegado por una paulatino olvido. La II Guerra Mundial obligó a recuperar este olvidado sistema de cultivo ante la necesidad de tener que abastecer de hortalizas y verduras frescas a las tropas militares desplegadas en el Sud-Este asiático. Tras el fin de la guerra la hidroponía llevó hasta el pueblo nipón impulsados por la falta de espacio en Japón, y también hasta Israel donde el desierto sus negativas condiciones les impedía cubrir sus necesidades. Fue más tarde cuando terminó llegando a Europa, sobre todo en los Países Bajos, desde donde fue llevada hasta los propios Estados Unidos y Canadá. A Latinoamérica llegó más tarde como una futura solución al cólera y otras enfermedades derivadas del consumo de alimentos contaminados.

Queda claro, que en sus orígenes más remotos la hidroponía no podía ser de síntesis química, entre otras cosas, porque no todavía no se habían ni descubierto las sales nutricionales ni tampoco se había desarrollado la industria química. Así que los primeros cultivos hidropónicos estaban fertirrigados con una solución nutritiva de procedencia completamente orgánica o a lo sumo combinada con otros de origen mineral pero nunca de síntesis química.

Las “Chinampas” aztecas, un modelo de bio-hidroponía

El mejor ejemplo de cultivo bio-hidropónico lo encontramos en las chinampas aztecas, esos jardines flotantes que diseñaron para vivir y que al que también concibieron como un sistema agrícola productivo y fácil de abonar y nutrir. Las chinampas estaban formadas por un entretejido natural de atapalácatl (flora acuática conocida como césped), lodo y tierra. A este islote resultante además lo abonaban con fertilizantes naturales como el guano de murciélagos, lo que les permitía el cultivo de una amplia gama de especies hortícolas con unos resultados ampliamente productivos. Dentro del postclásico su sistema agrario está considerado como uno los de mayor intensidad productiva a nivel mundial.

Acuaponía, hidroponía y acuicultura combinadas

La acuaponía es una técnica que fusiona el cultivo de hidroponía y la cría de peces. Al llevar a término ambas formas de cultivo, se aprovecha la simbiosis existente entre ambos por lo que se reduce el coste y el impacto ambiental. Este sistema ha sido puesto de moda en Estados Unidos por grupos de adeptos, que lo ven como un nuevo concepto de huerto urbano y que ha sido acogido como modelo de estudio y desarrollo por varias universidades y centros de investigación. Fue en la década de los 70 cuando surgió este nuevo concepto de cultivo de la mano de investigadores como William McLarney o Ronald D. Zweig. Esta técnica solo es interesante si además queremos criar peces, pero si solo queremos cultivar cannabis esta técnica resulta inviable, ya que precisa de una sofisticada y cara equitación además de ocupar una amplia extensión de superficie.

Bibliografía:

Imperialismo Hidráulico de los Aztecas en la Cuenca de México”. Anabel Villalonga Gordaliza

Revista “Tecnología del agua” año 27, nº 288. Septiembre 2007. pp. 78-91

El control del fertirriego en los cultivos sin suelo”. Pedro-Florián Martínez, Dolors Roca y Rosa Mª Belda Navarro

Revista “Horticultura Global” 290- Abril 2010. pp 12-19.

http://www.oocities.org/granja_hidroponica/origen.html

Hydroponic basics”. George F. Van Patten. Van Patten Publishing

Desarrollo de acuaponía en México”. Manuel Segovia Quintero.

Centro de Investigación Científica y Educación Superior de México / CICESE