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Ice-o-Lator o hachís al agua, realmente eficaz

Ice-o-Lator o hachís al agua, realmente eficaz

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El hachís al agua o ice-o-lator sigue siendo a día de hoy una de las técnicas preferidas de los cultivadores para la extracción de resina. Además de sencilla, es realmente eficaz y una que más respeta el material, consiguiendo siempre productos de la máxima calidad y pureza. Se basa en un simple principio físico, que es endurecer previamente los tricomas con frío, para que éstos se desprendan de la materia vegetal. Al ser más densos que el agua, caerán al fondo donde se filtrarán por un malla o tamiz mientras que la mase vegetal flotará en el agua.

La extracción moderna del hachís al agua empieza a finales de los años noventa, cuando Robert Connell Clarke publica “Hashish”un libro que recoge las más diversas y novedosas técnicas para la extracción de hachís. Entre ellas se detalla el “secreto de Sadu Sam”, un californiano pionero en usar agua fría para aprovechar la resina de las cosechas. También a base de experimentar, llegó a la conclusión de para los mejores rendimientos, el agua debe estar por debajo de los 5º C, para que las glándulas no se volverán pegajosas, se desprendan mejor y se queden adheridas a los restos vegetales.

El nylon, por otra parte, es el mejor material para la fabricación de las mallas o cedazo de las bolsas de extracción, ya que es en un material antiadherente, muy resistente y que permite tejerlo formando orificios microscópicos que permitirán el paso de los tricomas e impedirá que se filtren impurezas y restos vegetales. Los grosores o micrajes más comunes van desde las 25 micras hasta las 220 micras. Una micra es una unidad de longitud que equivale a una milésima parte de un milímetro, por lo que las mallas más finas serían la que tengan un menor micraje. A la hora de filtrar los tricomas por su tamaño y que también va relacionado con su calidad, las mallas se montan de menor a mayor y una dentro de otra. Lo normal el que la primera malla y en la que introduciremos la hierba, osea de 220 micras.

Así que comenzamos montando las mallas en el interior de un cubo del tamaño apropiado y sujetándolas bien al borde con las cuerdas o gomas que traen, asegurándose que entre ellas exista una pequeña separación. La hierba es mejor si la hemos metido en el congelador un par de horas antes de comenzar la extracción. Llenamos el cubo con agua lo más fría posible, hielo y la hierba, dejando unos 10 cm hasta el borde libres, y con un termómetro esperamos a que la temperatura descienda, lo perfecto sería entre 1º y 4º- Y ya con la ayuda de una batidora y varillas, o un taladro también con una varilla para remover morteros o pinturas, empezamos a batir.

Tras uno 10 minutos batiendo a una velocidad baja, siempre dependiendo de la cantidad de hierba, podemos ver los primeros resultados. Dejamos reposar 15-20 minutos, con el fin de que los tricomas en suspensión se vayan hundiendo al fondo de la malla y filtrándose hasta la última malla que por su tamaño les impida avanzar. Empezamos retirando la primera maya de 220 micras, que contendrá la mayor parte de la materia vegetal y la escurrimos bien. Podemos hacer después con la misma hierba 2 o 3 pasadas más, que ya contendrán menos resina.

Una a una iremos retirando cada bolsa, escurriendo el agua y pudiendo observar como el el fondo de cada una reposa una buena cantidad de oscuros tricomas, formando una masa terrosa marrón claro/dorado. De cada bolsa, retiramos con cuidado la resina aún algo húmeda, y siempre por separado, ya que nos hemos tomado la molestia de querer extraer diferentes calidades, y lo ponemos a secar al algún recipiente en algún lugar seco, oscuro y fresco. Todos los días echaremos un vistazo, pues siempre existe riego de hongos, y con una cuchillo o tarjeta, iremos removiéndolo y girándolo con cuidado. Entre 7 y 10 días es un tiempo prudente para asegurarnos que la resina está ya casi seca y podemos comenzar a amasarla para transformarla en delicioso hachís.

Para amasar o compactar la resina, podemos usar el método tradicional, es decir nuestras propias manos. Cogemos una pequeña cantidad en la palma de una mano, unos 3-4 gramos, y con la ayuda del pulgar de la otra vamos amasando. Con calma, porque dependiendo de la pureza de la resina puede llevar hasta media hora conseguir una pasta gomosa y perfectamente maleable, se trata de con el calor de las manos unir los tricomas unos con otros. También se oxidan y van adquiriendo a medida que lo trabajemos un color marrón oscuro. Cuantas más impurezas y restos vegetales contenga, más difícil será de compactar. Finalmente, sólo queda conservarlo como la marihuana, en un lugar lejos de la luz y ambientes cálidos.

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