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La verdad sobre la marihuana y la sustancia blanca

18 December, 2015, 9:30 AM
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Recientemente, el King’s College de Londres publicaba un estudio que suscitaba un gran revuelo mediático, ya que relacionaba el consumo, habitual y prolongado, de cannabis potente con cambios estructurales en el cerebro, sobre todo con una disminución de la cantidad y de la integridad de la sustancia o materia blanca.

Como suele ocurrir con este tipo de estudios, algunos medios de comunicación enseguida se lanzaron a elaborar hipótesis descabelladas sobre que el cannabis es responsable de esta diferencia observada en la estructura del cerebro, y sobre que hay que introducir cambios en la regulación de inmediato para reflejarlo. Pero, ¿es realmente así?

Una vez más, como ocurre tantas veces con estos estudios, cuando analizamos un poco más profundamente lo que se dice en el texto, nos encontramos con que hay mucho más en esta historia de lo que estos artículos simplistas de los medios de comunicación quieren hacernos creer.

¿De qué trataba exactamente este estudio?

Antes de meternos de lleno en los diversos errores del estudio, vamos a echar un vistazo rápido a lo que se dice exactamente. En el estudio, se tomó una muestra de 99 personas, 56 de las cuales habían presentado un episodio psicótico previo, y se analizó su sustancia cerebral utilizando imágenes por resonancia magnética de un tipo específico conocido como Imágenes con Tensor de Difusión (ITD). Esta técnica avanzada mide en 3D la velocidad de difusión de las moléculas de agua a través de los tejidos del cuerpo, y permite a los usuarios analizar tejidos y estructuras específicos con asombrosa precisión y detalle.

Los escáneres analizaron la sustancia blanca, que se compone de fibras nerviosas mielinizadas que contienen una gran cantidad de axones, y que conecta las diferentes áreas de la sustancia o materia gris. La materia gris alberga las propias neuronas – una manera de verlo es que las neuronas generan la información y los axones la llevan a las nuevas neuronas, que luego actúan en consecuencia. En el estudio, se analizó especialmente el cuerpo calloso, que conecta los hemisferios izquierdo y derecho, y es la mayor estructura de la sustancia blanca en el cerebro.

¿Qué se descubrió en el estudio?

El cuerpo calloso, la región más grande de la sustancia blanca del cerebro, representada en imágenes ITD (© Andras Jakab)
El cuerpo calloso, la región más grande de la sustancia blanca del cerebro, representada en imágenes ITD (© Andras Jakab)

Con la exploración ITD, se obtiene una medida importante denominada difusividad media (DM). Esta medida es una manera de determinar la velocidad a la que las moléculas de agua se difunden a través del tejido, y cuando la DM es superior a la normal, se cree que está relacionado con una densidad reducida de los grupos de axones, y con el daño a las vainas de mielina que rodean y aíslan cada axón, y permiten que las señales pasen rápidamente a lo largo de su longitud.

Al medir el cuerpo calloso, los investigadores descubrieron que los consumidores habituales de cannabis presentaban el mayor incremento de la DM en comparación con los controles no consumidores de cannabis. Esta relación se observó en todos los ámbitos en los grandes consumidores de cannabis, incluso en aquellos que no habían experimentado psicosis.

Uno de los principales investigadores, el Dr. Tiago Reis Marques afirmaba: “‘Este daño en la sustancia blanca era significativamente mayor entre los consumidores habituales de cannabis de alta potencia que entre los consumidores ocasionales o de baja potencia, y además no dependía de la presencia de un trastorno psicótico”.

Otra investigadora destacada del estudio, Paola Dazzan, añadía: “Hay una necesidad urgente de educar a los profesionales de la salud, al público y a los responsables políticos sobre los riesgos relacionados con el consumo de cannabis”.

¿Dónde esta el error en el estudio?

Entonces, ¿dónde está el error en todo esto? Bueno, para empezar, parece que tanto los medios de comunicación como los investigadores han cometido el pecado capital de confundir correlación con causalidad. Sí, existe una relación entre el nivel de potencia del consumo de cannabis con estas diferencias estructurales, pero no hay nada en el estudio que sugiera que el cannabis haya provocado estos cambios.

Podría ser que las anormalidades estructurales preexistentes en ciertos individuos les predispongan a un consumo muy habitual de cannabis, más que el consumo habitual de cannabis cause dichos cambios.

Además, la potencia del cannabis que los propios sujetos del estudio informaron que consumían se clasificó simplemente como de baja potencia (hachís y similares) o de alta potencia (skunk y similares). Sin molestarse lo más mínimo en determinar los niveles y proporciones de cannabinoides, parece una designación un tanto inútil. El estudio tampoco determinaba la cantidad de cannabis consumida por cada sujeto, ni durante cuántos años, ni si se consumían otras sustancias al mismo tiempo.

Además de esto, algunos han mencionado el pequeño tamaño de la muestra y la dificultad de extrapolar resultados significativos a partir del mismo. Sin embargo, el tamaño de la muestra no es excepcionalmente pequeño para un estudio preclínico como este. Lo que es cierto es que las conclusiones definitivas de las informaciones de los medios de comunicación se han sacado a partir de datos no concluyentes (junto con declaraciones engañosas de los investigadores que deberían saber de lo que hablan) que por su propia naturaleza deben seguir investigándose más profundamente.

¿Cómo sería el estudio que de verdad demostrase un vínculo?

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Se analizó el cerebro de los sujetos utilizando ITD, una forma de resonancia magnética (© Muffet)

El artículo en cuestión es un estudio transversal, que observa a diferentes grupos de la muestra en un momento dado y que compara ciertas variables para identificar posibles relaciones. Por su propia naturaleza, los estudios transversales no son capaces de determinar la causa y el efecto, ya que no tienen en cuenta las pautas temporales. En este caso, los investigadores no pueden decir si los cambios ya se habían producido, así que no pueden afirmar que se produzcan como consecuencia del consumo de cannabis, sin embargo, parece que creen firmemente que está implicado.

Los estudios transversales también están intrínsecamente limitados ya que comparan directamente un conjunto restringido de variables de las que sacan conclusiones, y no controlan otros factores de confusión. En este caso, el daño percibido podría ser causado por algo completamente distinto del consumo de cannabis, algo que simplemente no explican los investigadores, como el alcohol o el consumo de tabaco.

Con el fin de demostrar que el consumo de cannabis provoca cambios estructurales en el cerebro de los seres humanos, sería teóricamente posible realizar un ensayo controlado aleatorio en el que el cannabis podría administrarse a sujetos sin experiencia previa y podría observarse cualquier nivel de cambio.

Sin embargo, por razones éticas y legales, esto sería imposible, ya que si se fuera a producir algún daño cerebral, los sujetos previamente sanos, obviamente, estarían muy descontentos, como poco, y tanto ellos como sus familias sin duda ¡emprenderían acciones legales! Por supuesto, en el Reino Unido, donde se llevó a cabo este estudio, el cannabis sigue siendo ilegal, salvo por una pequeña lista de las enfermedades autorizadas, así que hay otra razón por la que este tipo de investigación no puede realizarse. Se puede llevar a cabo en animales, pero resulta poco útil cuando se buscan respuestas específicas para los seres humanos.

Por lo tanto, los investigadores deben contentarse con estudiar a las personas que consumen cannabis voluntariamente y que están dispuestos a dejarse estudiar. Por lo tanto, la mejor opción cuando se trata de establecer la causa y el efecto es el uso de un estudio de cohorte longitudinal, que sigue al mismo grupo de personas a través del tiempo además de seguir los cambios en los hábitos de consumo (así como otros factores de estilo de vida) y los compara con los cambios físicos observados.

Se han realizado unos cuantos estudios longitudinales que investigan el cannabis y la salud mental, pero al parecer ninguno que haya investigado específicamente el efecto del cannabis en la sustancia blanca (salvopor uno que estudió a adolescentes que consumían cannabis y alcohol, y que implicaba que era mucho más probable que el alcohol fuera responsable de la degradación de la materia blanca).

Algunos medios de comunicación se retractan…

El consumo habitual de cannabis fuerte se ha relacionado con el daño en la sustancia blanca, pero no se ha establecido una relación causal (© DonGoofy)
El consumo habitual de cannabis fuerte se ha relacionado con el daño en la sustancia blanca, pero no se ha establecido una relación causal (© DonGoofy)

Resulta interesante observar que el comunicado de prensa en la página web del King’s Collegeoriginalmente se titulaba “Study shows white matter damage caused by “skunk-like” cannabis” (“El estudio demuestra daño en la sustancia blanca causado por el cannabis tipo skunk “. A día de hoy, se ha modificado por “Study shows white matter damage may be caused by “skunk-like” cannabis” (“El estudio demuestra que dañoen la sustancia blanca podría deberse alcannabis tipo skunk” (añadiendo énfasis).

Por supuesto, como suele suceder con este tipo de estudios, los medios de comunicación más moderados (The Guardian, The Independent) se han asegurado de incluir el “puede” o “podría”, mientras que los “periódicos de gran formato” más estridentes (The Telegraph) se han asegurado de omitirlo.

Por supuesto, la prensa sensacionalista de derechas no se ha andado con chiquitas, por un lado, con The Sun proclamando, de forma memorable, que “Los científicos advierten que fumar cannabis tipo ‘skunk’ destruye el cerebro” y, por otro, con The Mail pregonando “Pruebas de que el cannabis fuerte daña el cerebro”. Esta distorsión flagrante de los hechos fue suficiente para hacer que el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido publicase un artículo desacreditando dichas informaciones sensacionalistas.

Sin embargo, a pesar de los errores del estudio y de los medios de comunicación que han informado al respecto, lo que indica por lo menos es la posibilidad de que el cannabis podría ser en realidad lo que está causando el cambio, y por lo tanto sus resultados no deben descartarse. Hacerlo sería caer en la misma trampa de asumir que la cuestión está resuelta, cuando en realidad se acaba de empezar a responderla.

Por Seshata

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