¿Por qué es genial seleccionar una planta madre?

Para cualquier cultivador, una planta madre es una garantía

Para cualquier cultivador, una planta madre es una garantía. Una madre es cualquier planta a la que le podamos sacar esquejes. No es necesariamente alguna de los grandes clones elite que suelen circular siempre por un país y que en ocasiones atraviesan fronteras y son conocidos internacionalmente. Ni tampoco tiene que ser una gran selección de decenas o cientos de semillas.

Las ventajas de una planta madre, es que por el precio de una semilla, obtendremos un número ilimitado de esquejes. Y la segunda y más importante, es que sabremos previamente lo que estamos cultivando. Un esqueje es una copia genética de su madre, con todas sus virtudes y defectos. Lógicamente, se buscan plantas con muchas más virtudes que defectos.

De antemano, conoceremos su patrón de crecimiento, el período de floración, producción estimada, sabor o efectos. También su resistencia en determinados climas, a hongos o plagas… O hasta qué punto podemos usar fertilizantes que sin llegar a sobrefertilizar, consigan los mejores rendimientos posibles. Y siempre será igual, cada vez que cultivamos un esqueje de la misma madre, aunque sea 10 años después, sabremos lo que esperar.

LA SELECCIÓN DE UNA PLANTA MADRE

Como decíamos, una planta madre no requiere una gran selección. Podemos comenzar sacando un esqueje de cada planta que vayamos cultivando, y una vez la hayamos catado, decidir si es una planta de nuestro agrado y merece la pena volver a cultivarla las veces necesarias. Lógicamente, la probabilidad de encontrar una planta madre a nuestro gusto aumenta cuando se parte de cientos de plantas que de sólo dos.

Grandes clones elite como pueden ser Critical Bilbo, Amnesia Cordobesa, UK Exodus Cheese, etc, son el resultado de selecciones con un gran número de semillas. Pero otras como Genius de Grimm Brothers, o la Gorilla Glue tan de moda en la actualidad, son el resultado de pequeñas selecciones. Y en ambos casos resultado de semillas que podríamos llamar bastardas o no esperadas, como las que cualquiera puede encontrar en algún cogollo de su cultivo.

Así que podemos deducir que la suerte es uno de los factores más importantes a la hora de seleccionar una madre. Prácticamente es como jugar a cualquier lotería, el que compra un décimo puede ser más afortunado que el que compra cien, y ejemplos reales existen muchísimos.

Si se planea hacer una pequeña selección partiendo de varias semillas de una única variedad, lógicamente se debe apostar por una variedad que de primeras nos convenza. No tiene sentido seleccionar un híbrido Haze si no nos gustan las variedades inciensadas, una índica si buscamos un efecto estimulante, o una Skunk si queremos una variedad discreta y poco olorosa. Consulta a conocidos, lee descripciones de semillas… quizá algo te llame la atención entre los cientos de variedades que existen.

Y empezamos germinando todas las semillas y cultivándolas con total normalidad. Es importante que cada planta esté en todo momento identificada, sea con una piqueta, pegatina en la maceta o cualquier otro sistema. Y comenzamos a anotar en una libreta datos individuales de cada una de ellas, como rapidez de crecimiento, distancia internodal, resistencia…

En cuando a cada planta le podamos sacar un esqueje, lo hacemos. Podemos aprovechar si vamos a hacer una poda apical, o sino esperar a alguna rama inferior tenga el tamaño adecuado. Cada esqueje, igualmente lo identificaremos con el mismo nombre que su madre, sea un número, una letra… lo habitual en breeding es usar #1, #2, #3, etc etc. Ésto finalmente es indiferente, es un simple dato. Y debemos reservarlos en con un fotoperíodo de crecimiento, podándolo si es necesario si crece en exceso.

En la fase de floración comienza realmente lo divertido. Seguramente alguna de las plantas ya ha comenzado a destacar por su mayor crecimiento, mayor ramificación, robustez… Ya cuando los cogollos comiencen a adquirir forma, otros rasgos como aroma, producción de resina, ratio flor/hoja, volumen de los cogollos o densidad de los mismos, producción o período de floración, comenzarán a inclinar la balanza por alguna plana en concreto. También la resistencia al clima, que siempre será similar temporada tras temporada.

Una vez hayamos cosecha, secado correctamente las plantas y los cogollos cuenten con un mínimo curado, sólo quedará el juicio final. Con calma y una a una, vamos catando cada una de las plantas para apreciar aroma, sabor, tipo de efectos, potencia, duración… Finalmente debemos decidir qué planta nos llama más y más se adapta al clima. El esqueje de esa o esas plantas seleccionadas, tan sólo tendremos que darles las mejores condiciones de cultivo. Y así ya tenemos una planta madre a nuestro gusto.

Más Artículos
¿Cómo hacer tus propias semillas de cannabis?
>