Que el verano no detenga tu cultivo interior

La temporada de cultivo en exterior siempre es sinónimo de verano, sol y altas temperaturas. Pero ¿cómo afecta esto al cultivo de interior??

La temporada de cultivo en exterior siempre es sinónimo de verano, sol y altas temperaturas. Es a fin de cuentas lo que necesitan las plantas para crecer y florecer en condiciones, además de agua y nutrientes. Pero este aumento de la temperatura en muchos casos hace imposible el cultivo interior, por lo que son muchos los cultivadores que durante estos meses apagan la lámpara y dejan de cultivar hasta que las temperaturas de nuevo vuelvan a descender. Pero siempre se puede hacer algo por intentar recudir la temperatura y no detenerse ni siquiera en los días de más calor.

LA ILUMINACIÓN

Desde que hace una década aproximadamente, cuando irrumpieron las primeras luces LED que han ido mejorando año a año, cultivar en verano se ha hecho más fácil. Es un tipo de iluminación que apenas emite calor, que es y ha sido siempre el gran inconveniente de las lámparas de alta presión de sodio y haluros metálicos, además de un menor consumo y mayor durabilidad.

Las últimas en llegar, las lámparas LEC, son igualmente de alta presión, pero con un menor consumo que las de sodio o haluros, ofrecen mejores rendimientos en cultivo interior. Y en este caso el menor consumo también se refleja en menos calor emitido. Por ejemplo la lámpara LEC de menor potencia, de 315W, supera con creces los rendimientos de una lámpara de sodio de 400W.

En verano lo más adecuado siempre es evitar que el fotoperíodo de luz del interior coincida con las horas de más calor en el exterior, que suelen ser las siguientes a partir del mediodía. Lo más complicado en estos casos es la fase de crecimiento, ya que con fotoperíodo oscuro de tan sólo 6 horas llega a ser complicado evitar algunas horas de calor. Tampoco pasaría nada por reducir un par de horas el fotoperíodo de crecimiento si ello hace que las plantas sufran menos.

LA VENTILACIÓN

A día de hoy, las lámparas de vapor de sodio y halogenuros metálicos son las más empleadas. Son económicas y ofrecen muy buena producción, pero como decimos emiten demasiado calor. Y cuando se tiene que enfriar un armario con aire del exterior, y éste en ocasiones supera los 30º, cualquiera puede imaginar que será una tarea imposible.

Además de contar con una buena extracción e intracción de aire, un ventilador interior servirá para refrescar las apicales de las plantas, que por cercanía a la iluminación serán las que más sufran. Cuando se emplean lámparas de sodio o halogenuros, siempre se puede echar mano de un cooltube o reflector refrigerado. Gran parte del calor que emiten, será expulsado directamente al exterior del armario mediante su propio extractor y conducto.

La mejor solución es usar un aire acondicionado, aunque el consumo eléctrico aumentará considerablemente. Si el aire que se introduce en el armario está a una temperatura que ronde los 25-26º, considerada la ideal tanto por consumo como por bienestar personal cuando el aire acondicionado sea compartido, no habrá mucha diferencia entre cultivar en invierno o cultivar en verano.

NUESTRO ALIADO EL CO2

Aunque sin duda lo mejor es usar el exceso de temperatura en nuestro beneficio. O mejor dicho en el de las plantas. La temperatura ideal de un cultivo interior es de 24-25º, donde el CO2 del ambiente es el suficiente para que las plantas realicen correctamente la fotosíntesis. A mayor temperatura, más CO2 demandarán las plantas. Por ejemplo en un rango entre los 30 y 35º, la cantidad de CO2 que llegan a asimilar las plantas sería entre dos y cuatro veces más que el CO2 atmosférico.

Entonces la solución pasa por aportar artificialmente CO2. Está demostrado además que con este aporte extra, las plantas realizan mejor la fotosíntesis con temperaturas elevadas que con una temperatura ideal. Sea con un quemador de gas propano, inyectado desde una botella de CO2, o mediante los conocidos como sistemas de reacciones químicas, siempre es necesario llevar un control del CO2 aportado, ya que un exceso puede ser fatal para las plantas.

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