¿Cómo realizar correctamente un trasplante?

El cultivo de cannabis está lleno de pequeñas tareas, algunas cotidianas como los riegos, otras ocasionales como las podas o los trasplantes. De éstos últimos vamos a hablar, que aunque es una tarea de lo más sencilla, conviene siempre tener en cuenta algunos aspectos para evitar que la planta sufra daños.

Un trasplante ofrece a la planta la oportunidad de expandir más sus raíces, y por lo tanto aumentar su crecimiento. En gran medida, el tamaño final de una planta dependerá del espacio disponible para éstas, cuanto mayor sea la maceta o contenedor, mayor será el tamaño de la planta. Y cuanto más pequeña sea la maceta, más pequeñas serán las plantas. Con ésto también podemos jugar a la hora de conseguir plantas de determinada altura, algo muy común en cultivos de interior o en exteriores donde se busquen plantas discretas.

Los trasplantes se hacen por varios motivos. El más importante es el que ya mencionamos. Los otros son para ofrecen una gran fuente de nutrientes a un sustrato ya agotado. Por comodidad, ya que es más sencillo manejar una pequeña planta en una pequeña maceta que en una grande. Y para corregir los en ocasiones inevitables espigamientos, para lo que en cada trasplante se entierra cada vez más el tallo.

Sobre cuando realizar el trasplante, no es algo que se concrete exactamente. Puede que sea la propia planta la que lo exija, bien sea porque las raíces no dan más de sí, o bien porque los nutrientes se agotaron. Tampoco hay nada escrito sobre cuales son los tamaños de maceta ideales, así que ésto es algo que el propio cultivador tendrá que decidir.

Después de germinar la semilla

Una vez germinada la semilla, por ejemplo, se puede optar por una maceta de 1-3 litros. Si se usa un buen sustrato, el suministro de nutrientes estará garantizado para unas 2-4 semanas. No será complicado mover las macetas en estos primeras días de cultivo, sin duda los más delicados. También a la hora de regar será más cómodo y el sustrato no permanecerá tanto tiempo encharcado que si usásemos macetas de mayor tamaño.

Pasadas las 2-4 primeras semanas, dependiendo del tamaño de la maceta y el tamaño que ha alcanzado la planta, tocará el primer trasplante. Para ello optaríamos por ejemplo por una maceta de 5-9 litros, dependiendo del tamaño de la anterior. Si es de 1 litro usaríamos la de 5, si es de 3 litros usaríamos la de 9 litros. Y así sucesivamente para en 2-3 trasplantes en total, tener a la planta en su maceta definitiva, sea de 20, 50 o 150 litros. Ésto en exterior, en interior 1-2 trasplantes son más que suficientes.

Siempre un buen sustrato

A la hora de hacer el trasplante, se debe optar siempre por un buen sustrato. Su característica principal debe ser la esponjosidad, que permite un mejor drenaje, aireación y retención de humedad. Que tenga más o menos nutrientes, irá en el gusto del cultivador. Hay quien prefiere usar abonos líquidos en un sustrato sin nutrientes, y hay quien prefiere un sustrato muy enriquecido y olvidarse de abonar en una buena temporada.

La planta que vayamos a trasplantar, debe tener el sustrato ni muy empapado ni muy seco. Si está empapado pesará mucho y corremos el riesgo de que se desmorone y cause daños en las raíces. Y si está muy seco, tiene a resquebrajarse. Lo ideal es un punto medio. Se deben evitar también las horas de sol intenso y más calor. La planta sufrirá menos y se recuperará antes. No olvidemos que un trasplante supone un estrés para la planta.

La importancia de un buen drenaje

Con todo listo, empezamos poniendo una capa de drenaje en el fondo de la maceta. Pueden ser piedras, cantos, arlita… Y sobre el drenaje ponemos una pequeña capa de sustrato. Existe un simple truco, que es introducir una maceta de igual tamaño a la que vamos a trasplantar, en la que trasplantaremos. Así sabrás a la altura que debes dejar la capa del fondo. Y sin retirar la maceta, rellena la maceta más grande de sustrato, presionando ligeramente los bordes. Cuando retires la maceta pequeña, habrá quedado un molde perfecto en el que encajará el cepellón de la planta.

Cuando terminemos, regamos ligeramente para que la tierra se “agache” y rellenamos los posibles huecos que hayan podido quedar. Normalmente, una planta sana no tendrá problemas en recuperarse. Pero ésto no sucede siempre, y la planta que ya arrastraba problemas, o que durante el trasplante ha sufrido algún daño en la raíz, puede no reaccionar tan bien y en unas horas mostrará las hojas flácidas. En este caso es interesante usar algún estimulador radicular y situarla en un lugar donde no le dé el sol directo.

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