Reproducción asexual del cannabis: el acodo aéreo

La reproducción asexual se define como una forma de reproducción de un ser vivo desarrollado a partir de una célula o grupo de células. Para ello sólo se necesita un progenitor y no intervienen células sexuales o gametos. Dicho así, a muchos les podrá sonar algo extraño. Si decimos que una de las diferentes modalidades de reproducción asexual son los esquejes, se entenderá más fácilmente.

Las grandes ventajas de este tipo de reproducción vegetal son varias. De entrada, conseguiremos una copia idéntica de su madre, con todas sus características. Contará con el mismo período de floración, el mismo sabor, los mismos efectos… Podemos saber si es una variedad que acepta bien las podas, si crece mucho o no, cuando cosecharemos, si es muy productiva o que potencia podremos esperar…

Como decimos, el sistema de reproducción asexual más empleado por cultivadores son los esquejes. Son fáciles de hacer y una planta de buen tamaño nos puede ofrecer decenas de esquejes. Pero hoy os vamos a hablar del acodo, y más concretamente del acodo aéreo. Pese a no ser una técnica muy conocida por muchos cultivadores, y muy poco usada entre quienes la conocen, no deja de ser muy interesante y práctica en determinados casos. Hasta la rama más gruesa se puede acodar.

CÓMO HACER UN ACODO AÉREO

Un acodo aéreo no es más complicado que hacer un esqueje. Cuenta con algunas ventajas, y también con algunas desventajas. Por ejemplo, un acodo aéreo no necesita condiciones ambientales específicas, pues en todo momento seguirá recibiendo nutrientes de la planta. También se pueden hacer acodos de una gran rama y ahorrarse semanas de crecimiento. Pero por contra, es una técnica que lleva más tiempo, más incómoda y con mayor número de bajas. O más que bajas, intentos infructuosos, ya que no se consiguen hacerlos enraizar pero la rama seguirá creciendo sin problemas una vez suelde la herida.

  • Para empezar, seleccionamos una buena madre. No tiene sentido cultivar una planta que no nos guste, a no ser que no la hayas cultivado aún y quieras conservarla por el “por si acaso”.
  • Selecciona siempre buenas ramas, que ya cuenten con buen grosor y tallo leñoso. Si son de las partes superiores mucho mejor, ya que enraízan más rápido.
  • Esta técnica se puede mejorar, si subrimos la zona del tallo donde realizaremos el corte con una cinta opaca. Así se provoca la transformación en corteza sin cloropastos. Esta corteza se asemejará más con el paso de unos pocos días, a las cortezas de la raíz. Esta corteza llamada etiolada emite raíces con mayor facilidad.
  • Pasados unos días, quitamos la cinta y podremos comprobar cómo se está formando una pequeña callosidad, mayor o menos dependiendo el número de días que hayan pasado.
  • Con una cuchilla muy afilada, desinfectada y limpia, hacemos un ligero corte longitudinal con una forma ” ( ” y de aproximadamente 1cm, en la zona de la rama. No se puede cortar la rama entera, así que con cuidado. Y sigue cortando hasta que veas que alcanzas el tallo leñoso, mejor si de ahí no pasas.
  • Aplica hormonas enraizantes en el corte, y con un taco de lana de roca abierto a la mitad, envuelve la herida. También puedes usar un poco de arcilla formando una pelotita. A continuación asegura bien tu opción para que no se mueva, con cordones o flejes pero sin apretar demasiado.
  • Y terminamos recubriendo la lana de roca o la arcilla con papel de aluminio, capa a capa y dándolo una buena forma. Procura dejar en la zona superior un agujerito para añadir agua a la lana de roca o arcilla, y después ciérralo. Así mantendrá una buena humedad por más tiempo.
  • También puedes usar una maceta o vasito, abriéndolos desde el centro del fondo hacia arriba, para introducir la rama. Rellena bien de tierra y pon en la zona superior una capa de barro o arcilla para que retengo mejor la humedad.
  • En poco tiempo, la herida habrá cicatrizado y algunas raíces se irán formando. Normalmente, en unas 2 semanas suele haber una buena cantidad de raíces. Que sea más rápido o más lento, depende bastante de la genética, condiciones ambientales, método usado, tamaño de la rama…

Finalmente, sólo queda cortar la rama con cuidado de no dañar ninguna raíz, y pasar a una maceta con buen sustrato nuestra nueva planta que rápidamente comenzará a aprovechar los nutrientes del suelo para seguir creciendo a buen ritmo.

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