Las claves del éxito para un cultivo en Main Lining

En anteriores post os hemos contados los trucos de las dos principales técnicas de cultivo y las más empleadas como son el SOG y el SCROG.

Foto: captura youtube

En anteriores post os hemos contados los trucos de las dos principales técnicas de cultivo y las más empleadas como son el SOG y el SCROG. Nuestro post de hoy lo dedicaremos al cultivo en Main Lining, una técnica quizá mucho menos conocida, pero que poco a poco se va haciendo un hueco gracias a sus impresionantes resultados. Su creador, conocido como Nugbuckets, cuenta que lo único que hizo fue ponerle nombre a una técnica que usada hace muchos años en el cultivo de frutales o arbustos decorativos. Como todas las técnicas, tiene sus ventajas e inconvenientes, así como algunos trucos que harán que triunfar sea mucho más sencillo.

TODO GIRA EN TORNO A UN EJE

Un Main Lining se podría definir como un SCROG sin malla. Y todo el trabajo de guiado estará hecho a base de podas y guiados. Se puede hacer a partir tanto de esquejes como de semillas, aunque por la simetría de las plantas nacidas de semilla, es más fácil con éstas. Con esquejes aunque también es sencillo, al tener sus nudos asimétricos se requiere más trabajo.

Y es que la simetría es lo más importante para hacer un Main Lining. Así que cuando nuestra planta tenga un tamaño mínimo de unos 5 u 6 nudos, se realiza la primera poda apical sobre el tercer nudo contando desde abajo, lo que será el eje principal. A partir de ese momento, conseguiremos que la energía se transmita equitativamente por cada una de los dos primeros brotes que obtendremos.

El primer y el segundo nudo se deben podar para evitar que la planta malgaste energía inútil y la concentre en el desarrollo del par de ramas del tercer nudo, que se desarrollarán a una misma velocidad. Debemos dejar que crezcan hasta alcanzar una altura de 5 o 6 nudos cada una. Para potenciar su desarrollo, limpiaremos de hojas y brotes los dos nudos inferiores, para realizar una poda apical en cada rama sobre el tercer nudo.

De dos ramas, hemos pasado a cuatro ramas. Con ayuda de unos alambres debemos guiar las dos ramas principales de tal manera que queden a la misma altura de nuestro eje central que hemos creado en la primera poda. Es importante durante el guiados conservar la simetría, es decir que ninguna de las ramas quede a diferente altura, ya que éso podría a afecta a un mayor o menor crecimiento de alguna.

REPITIENDO LA RUTINA

Después, se trata de repetir la misma operación una o dos veces más. Cada una de las 4 ramas las dejamos coger altura, y las podamos sobre el tercer nudo, guiándolas cada una hacia un lado con alambres y situándolas a la misma altura del eje. Donde antes teníamos 4 apicales, ahora tendremos 8. Si volvemos a repetir, obtendríamos 16 apicales, aunque lo mejor y más productivo son 8.

Para terminar, ya dejaremos que cada una de estas 8 apicales se desarrollen a lo alto. Si hemos hecho todo correctamente, todas crecerán al mismo ritmo. Y en la fase de floración obtendremos 8 excelentes porras prácticamente idénticas. Cabe destacar, pero para esta técnica las mejores son las variedades sativas e híbrido indica/sativa por su mayor crecimiento y facilidad para ramificar.

 

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